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27 julio 2010 2 27 /07 /julio /2010 20:17

Este libro, en el que Alberto nos entrega los frutos de su “secreto trabajo” constituye un hito en la poesía argentina, un momento único donde se ahonda en el trabajo con la palabra con la experiencia de la labor incesante de años y la consiguiente sabiduría . Hablaré en este comentario sólo de la primera parte del libro, llamada justamente “Sobre el secreto trabajo”, donde el yo lírico se pregunta sobre la relación entre la palabra y lo humano, lo que representan las palabras y adónde nos llevan, el sentido mismo del decir. Ese “seguir lo que queda detrás”, esa búsqueda en la que el camino nunca se detiene “por el don de continuar sobre el papel”, cuando se parte y la aventura del viajero comienza “tomando el cuerpo de un sonido”, ese sonido que vibra “en el único nacer”, es tema del devenir poético. El “secreto trabajo” consistirá en “ser un rastreador” de lo que persiste, de lo ignorado, más allá de la finitud de nuestro tiempo en la tierra, “entre los trazos que dan aire”. La palabra lucha contra la muerte, no sólo desde la búsqueda, sino desde los libros, peor no libros abstractos, sino los queridos, los que han dejado una marca en el alma (“las releídas hojas”). La relación entrañable del hombre con el libro se expresa entrañablemente en estos veros:”los libros miran mis ojos/o mis ojos recorren el olvido/sus andados fragmentos/las ruinosas marcas de los dedos.”

El tiempo está simbolizado por los libros “en un hacinamiento de recuerdos” y se halla preservado en “las añosas cubiertas que fueron mías”, donde brillan “los ojos de la niñez”. Ningún libro electrónico podría entregarnos la palpable vitalidad de un libro verdadero, la energía de quienes transitaron sus páginas.

También en “¿Cambian los tiempos?” advertimos ese “página tras página” en donde cada palabra dice más allá de esta dimensión (“nos reconocemos de hace un instante/mientras cambiamos de ropa”) con su recorrido cíclico (“nada cambia/y se recomponen los sueños”). En el eterno fluir universal, esta palabra es un río que da vida a través de la voz de los textos que derrotan al tiempo ( ”mientras una lámina se ilumina/y en el fondo aún respiramos”).

Sin embargo, más allá de la finitud, la palabra se vive en el aquí y ahora, la vida de uno está indisolublemente unida a los otros, y la palabra vibra en el compromiso y la denuncia ante la injusticia y los sufrimientos del otro.:”ayer al ver el cuerpo desnutrido de un niño/en la ignominia de su abandono/ me he comprometido con su muerte”.

El yo lírico nombra “el inmenso acá” como “uno de los lugares más lejanos que conozco/donde estaré hasta morir”, y reconoce su limitación, la conciencia de ser-en-un-tiempo y un lugar. En este libro despojado y a la vez hondo en símbolos, el hombre se compara con la rama”desprendida de la inmensidad” que en su ser con el otro (“vio juntas a otras ramas/ya no sombrías ni perdidas”) halla “el calor secreto/que recibe del mundo”.

El recuerdo es a veces el “más claro” de los caminos, pintado con una minuciosidad y detalles que lo traen con fuerza a nuestra conciencia:”un pañuelo en mi bolsillo/con tapas de cerveza y brillantes/bolitas…”).En este camino de regreso a la infancia campean la nostalgia y las voces del barrio (“las casas están deshabitadas””el barrio entero en sus voces se confunde”).

Tampoco sabremos, como pregunta Alberto luego”¿Cuál es la realidad?”, donde el yo lírico profundiza distintas dimensiones en un planteo filosófico de la separación y limitación de las distintas “realidades”, aparentemente absolutas para quien las percibe. Realidades como la belleza (“una mariposa”), la falta de solidaridad y conciencia (“hombres indiferentes”), el recomenzar de la palabra en “el silencio” y el origen del Universo (“alguna flor que ha fundado el universo”). Toda concepción d e la realidad, no obstante, no deja de estar sujeta a la finitud de quien la piensa “en un tiempo que ha huido en busca de respuestas”.

Así, cada momento de la existencia persiste, pese al tiempo, grabado en la conciencia. Esto se advierte en el poema “Encuentros familiares”, donde la presencia de los seres queridos puebla al yo lírico en una gran fiesta interior que nunca cesa (“un gran comedor es como el campo/con aire de árboles frutales/y caminos entre sillas silenciosas”)

Pero es en el poema “Nacimiento” donde la idea del espacio-tiempo nos acosa con una imagen:”la inocente vastedad del mundo/cae sobre el cuerpo”. Se nota el movimiento de la finitud dentro de la infinitud, como un acontecimiento del devenir del Universo. El pasado-presente-futuro se unen en este poema (“el espacio alimenta/y transforma el lugar/que llevará el recuerdo”).En la poesía de Ponzo el recuerdo se torna intensa vida, y también se avizora una cierta predestinación (“una puerta abierta al futuro”) en esa casa que ama (“no dejo de habitarla”).

En síntesis, “El Secreto Trabajo” nos ofrece una búsqueda desde la palabra siempre buceando en lo humano, el compromiso con el otro, la denuncia del “mal paso”. Y esta pregunta retórica que resuena y resonará a través de los siglos:”¿dónde encontrar al ser que en su piel ofrezca la verdad?”

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