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27 julio 2010 2 27 /07 /julio /2010 19:43

La tragicomedia de vivir

En Interrogantes, Edgardo nos hace ver su abismo, su relámpago de dolor por momentos apocalíptico “en los miserables días que quedan, hablo”, con una escalofriante lucidez que se burla de los monstruos sagrados (“Calandria sarcástica/que brota a orillas de un arroyuelo/entre maracas”) y con un humor punzante pero también fresco y muy porteño: “Pobre vampiresa, se salió de su sombra, /Del mural de la sangre. Se fue por las calles con las piernas anudadas. /Dijo ¡adiós patio mío!”

 

La mirada herida no se detiene ante lo macabro, sino que nombrándolo le restituye su lugar, su derecho a ser “Entre mordeduras palabra fiel inocente/algo sucio bello pertenencia de otro mundo aquí aquí no/ allá mordedura escarlata”. Sin embargo, la infinita nostalgia, el camino que rinde sus homenajes a cada pisada que por él transitó y le duele recordar, se expresa con fuerza en imágenes:”Un glaciar a punto de estrellarse, una madera tallada/Cuerpo cimbreante con una chinchilla en la cabeza/ con un adagio para la última rosa”.

 

Pese al sarcasmo, el llanto es abierto (“Cómo atravesar la obstinada región del miedo / con la belleza muerta en brazos”), porque hay un horizonte perdido (“Así se va vaciando el porvenir/ así los obstáculos trozan alas”.)

 

Y hay otras máscaras del dolor que no se olvidan, las que la sociedad impone a los transgresores (“Debajo del camafeo la humillación en los hospitales”;”Me arrastran por el hall en continua secuencia/un revólver en el estómago”) y como contrapartida el frenesí que intenta negar su condición penosa, no recordar lo transitorio (“Me pinto la cara para hipnotizar y danzo/ me dibujo en la pared para hipnotizarme”). Y lo humano, la valoración de lo solidario y la denuncia ante la indiferencia (“¿Nadie oyó gritar a la señorita Alma Winemiller?/En el reñidero, picotazos de gallo a gallo, / un chorro de sangre bañó su vestido transparente”)

En esta búsqueda de sentido a través del cuerpo (“¿un puente entre dos vidas/dos vidas que cerrojan el puente?”…”el sexo borrachera del ingenuo paraíso”) y más allá del cuerpo (“en otro sitio la vida fue tuya/aunque los umbrales dijeran otra cosa” “corazón de lapislázuli bajo tu cuerpo/sostenido por malabaristas”), hay por momentos la conciencia del abandono, el infinito deseo del retorno al origen, al Bosque, que es la madre,(“¿El bosque es el cuerpo de una madre?/¿Una madre es la memoria de un retrato?/Madre y bosque caminan juntos”) porque ya se sabe que “Dando vueltas por la calesita del asombro/ensombrecido”…se comprende que “las calesitas también son jaulas”

En este viaje intrincado entre el adentro y el afuera, entre el bosque y “la belleza cruel, sacudida por demonios” ,hay un entregarse a lo irremediable:”Ya no sé esconderme. El miedo corría con zancos, no sabía/qué decirle” y “¿Quién pasa de perseguidor a perseguido?” El yo lírico se expande en un clima de búsqueda onírica y a la vez anuncia la terrible belleza del último poema, donde cae la lluvia en un clima de realismo mágico donde se  unen Antonin Artaud y Stefan Zweig, los frutos y pájaros tropicales, la fiebre y el alcohol con el “siempre llueve fatalmente desde ahora”.

 

 

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Comentarios

Horacio Laitano 08/02/2010 22:40


Estimada Irene: te hago llegar mis sinceras felicitaciones por tu comentario sobre el libro de Edgardo Gugliermetti, porque a través de tu análisis has tendido un puente entre el lector y su
poesía. Una poesía elaborada y profunda que ha logrado transformar el dolor en una obra de arte.
Cariños para vos y Edgardo. Horacio