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25 octubre 2012 4 25 /10 /octubre /2012 15:44

 

 

 

 

 

Susana Cattaneo comienza este libro hablando de un exilio, y lo hace desde un paisaje interno y externo, que nos introduce en su mundo, un mundo donde aun “el ave-sol”, como ella lo llama,  sufre la herida  “en la mirada”.Ese” baño de lluvia y barro” que empaña el esplendor solar es el dolor, ya que en  este libro hay, ya  no un corte abrupto, como en el anterior Bufanda de Pájaros, producto de una gran pérdida, sino una evolución de esa pérdida: un cambio cualitativo en la forma de percibir el mundo, ese mundo que para muchos se convierte en “una cascada de frío”.

Dante en El Infierno, Segundo Círculo,Canto v, hace decir a Francesca:” No hay mayor dolor, /que, en la miseria recordar/el feliz tiempo...”. Susana retoma esta temática al decir: “estas agujas cruzan números de tiempo para exiliarme de la esperanza”:“Es mi exilio de ti, de un abrazo que nunca”, “Es el lugar de los solos, los que parten hacia túneles mojados de tristeza”.

  La vida, el ser,  quedan duramente divididos entre el tiempo solar anterior y el tiempo gris del presente, ese eterno lunes, o esos sábados donde la soledad se hace aún más notoria.(“sábado el lugar de los solos”) , esa realidad que produce escisión , despersonalización del ser, división entre tiempo solar y gris .Contrastan la “lluvia celeste” y  el “tiempo muerto”, donde repica la idea de movimiento de  “la lluvia celeste sobre lo quieto, los ojos muertos”. Esto acentúa aún más el contraste del presente opaco  con lo perdido, que se expresa  “como piel de ángeles nuevos”. El ser ha quedado en el sol, con su magia y fuerza vital. Este es el momento donde el dolor lleva al extrañamiento  y  el yo lírico se refiere a sí mismo  como “Extranjera de mí” “Exiliada de los ojos de Dios”.Sin embargo, cuando se aleja el sol radiante, la voz poética expresa con ternura al ave-sol embarrado y lluvioso, con cariño por su falta de esplendor

En la segunda parte, llamada El Desamor, el amor está personificado y su partida se debe a que “No ha de venir, soy el pasado”. Esta idea del amor es también la de los trovadores, que advertían la gloria del amor romántico como fuente de gozo y también de sufrimiento. El desamor y sus víctimas abren el camino de otro sol, no tan espléndido, pero de intenso compromiso con el otro, más abarcador.

  De lo anterior resulta una cosmovisión en la cual la sociedad con la que se asocia el yo lírico y con la que siente hermanado es la de los exiliados, los que también han perdido el sol, los marginales que deambulan por una zona donde no hay regreso posible. Con intensa comprensión llega el mensaje de los que llevan la voz más auténtica, porque nada tienen que perder. También recibimos la percepción del frío, de la falta de interés de la sociedad: como consecuencia de”el desamor” , que se nos revela en la tercera parte llamada Imágenes:”Sus uñas tienen toda  la suciedad de la injusticia”; “El colchón desvencijado al costado de un pino”.Pero  la injusticia también tiene otro costado,  el patetismo tierno del abandono, expresado en voz de otra dimensión, la luz de un corazón lírico: “la primavera había adornado su pelo con golondrinas rosadas y azahares rubios.”; “una botella de cervezas con burbujas de sueños”; aquí se habla de la esperanza del que no quiere o no puede transar, o no le es permitido hacerlo por nacer en la miseria.

En cuanto a la cuarta parte, titulada justamente Esa nostalgia de mí,  sólo cabe decir que se la puede inscribir entre las grandes expresiones poéticas del  amor, el gran amor, el que nos remite al hechizo de la vida. Quiero ante todo, hablar de las imágenes en este libro, imágenes cuyo gran logro consiste en que perdemos la noción de que son imágenes, ya que  las palabras forman una unidad que nos conduce:”esas palabras con brillos de jilguero”. Ese hilo lírico nos lleva  en la búsqueda del amor, los contrastes, lo onírico (“Un día fue a visitar el lugar donde dormían los crepúsculos”) y  lo mágico, que nos transporta con su hechizo al mundo de la infancia perpetua, la magia de la poesía: “Por el camino de piedras van duendes con cestos de uvas”.

Esa voz que canta al amor, el amor pasado que duele al recordarse, se expresa en el lenguaje del imposible, en el “agua incendiada donde levanta su vivienda el último asombro olvidado”, esa paradoja - oxímoron que se resuelve en el lenguaje poético, en la tradición de los grandes poetas como Quevedo, que habla del” polvo enamorado”, o como Safo, que aquí se refleja en esa “Nota de miel”,  que nos endulza luego de esa “daga urgente de quejidos”,  salida de las nieblas de Macbeth,.El contraste  se da entre el “fuego abrasador”, la “nota de miel” y  “los cardos creciendo en la memoria”.

No olvidemos tampoco el hechizo de la palabra que nos trae el “tenebroso encantamiento en los ojos de los dragones”.La intensidad del amor será su fuerza y su debilidad, tal como lo expresara Macedonio Fernández: “Amor   se   fue; mientras  duró/ de todo hizo placer./Cuando se fue/Nada dejó que no doliera.”

    Y  el  final nos trae a la memoria las palabras de Lord Tennyson Es mejor haber amado y perdido el amor que nunca haber amado”. Y esto se aplica no sólo a los humanos, sino a la última parte llamada el Amor, representada por una foto, una instantánea, un momento feliz que se refleja en la tapa de este libro. Esa es la vida, la comunión con la mirada de un perro que se clava en nosotros con dulzura .Los animales, los árboles heridos(“la savia cae como el llanto de un cisne”), toman su lugar verdadero en el cosmos, se los sitúa dentro de los que tienen los mismos derechos, y además se los siente, se los presenta con imágenes que nos remiten a la fuerza de ser, a la lágrima, la lluvia, el rocío, el líquido bálsamo que pasa por sobre la herida de quien dice “todo de mí tiene rotos los huesos” La suave curación es también líquida: “En el lugar de la lágrima, una gota de lluvia fresca” , y como luz espiritual cubre “ese espanto de noches desangeladas”, después de la partida de Fresia, que como su nombre lo indica, trae la fragancia de los jardines, el descubrimiento  del espíritu del ser en  esa espera de la Quinta Estación. Esa Quinta Estación con la esperanza de la reunión con Fresia, en una dimensión donde el sol no se extingue.  El sol que también existe en esta dimensión y que ella ve surgir en Trini, “blanca como la luz del paraíso”, con su “feliz despertar al asombro”.

 

La energía unitiva del amor universal y auténtico es el motor de este libro, que disfruté muchísimo.

 

                                                                       Irene Marks                                                                     

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