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27 mayo 2013 1 27 /05 /mayo /2013 16:06

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terrestre de Gustavo Tisocco: Una “Rayuela” poética

 

Penetrar en este libro es recorrer un mundo complejo, una trama “terrestre”, sostenida por senderos que la recorren como al descuido, y constituyen, sin embargo, los cimientos de la obra. Las sendas de gran delicadez están punteadas por una serie de poemas de doble estructura que asimismo meditan y reflexionan sobre la vida planetaria, ya sea desde el punto de vista de sus habitantes(“Del corral /al camión de ganado”), ya sea desde la óptica de los elementos que componen nuestro planeta (“Y volverá el desierto/ a ser mar”) y las grandes desgracias que aquejan a miles de personas, entre las que cabe mencionar especialmente las desgracias de la guerra(“Viven entre tanques”) y la pobreza (“Ese niño cayó/poco antes de llegar al pan”)

El yo lírico se compromete hondamente con la palabra, ya desde el primer poema del libro, donde hay una personificación de la poesía y se menciona la entrega recíproca entre la palabra y quien la trabaja (“me diste de tus manos/las líneas de la suerte y fui rehén/ de tus trazos de tinta”). Por otro lado, la poesía también asume su papel de verduga (“Hay días/ en que soy un látigo/desgarrando mi espalda”).y de “bestia” que posee al poeta  (Ella me saca/me pone en la jaula,/me amamanta/me deja sin comer.” ) Así, ya se nos adelanta el viaje cíclico que iniciaremos en uno de los caminos a recorrer.

 

Sin embargo, esta introducción no nos prepara para la entrada en un mundo que nos sumergirá en su totalidad, donde los temas y la forma van tomados de la mano para señalar el rumbo (para quien quiera verlo).Este es un mundo “terrestre” porque el yo lírico se asume como portador de un mensaje, y además porque nos habla de la infancia, de la magia, la muerte, la sexualidad, los hechos terribles que ocurren y toma partido, se desviste en esa palabra desnuda que marca la urgencia de un aquí y ahora donde nos enfrentamos a una encrucijada. Debemos siempre recordar la unidad entre la vida y la obra de Gustavo, que se da por ejemplo, en denuncias concretas, como cuando habla de Nemat Safavi en Irán/(”Y te llevarás parte de mí, de él, de muchos”) e incita al cambio(“Y será una revolución/amar después del vendaval”).

 

Por ese motivo, zambullirse en este libro es andar zonas donde la infancia y la muerte se tocan (como el poema que habla de la muerte de Arielito) donde la naturaleza cobra gran importancia, al igual que la lluvia. Señalaré especialmente ese poema que comienza: “De chapa quiero mi tumba/de zinc/y retornar a las tardes aquellas,/tardes de siesta,/y lluvia golpeando en el techo.”

Cabe destacar la frescura de las vivencias de infancia, con una auténtica mirada de niño (“Exiliado de las tardes/jugando a la payana”)y al mismo tiempo, el desdoblamiento, la visión del adulto que recuerda o denuncia (“Llora la niña que carga a la niña”).

La infancia, de hecho, señala los sueños simbolizados por esa mariposa que sería “vuelo durante la siesta” y lo efímero está señalado por la muerte de esos sueños en la adultez (“Pero un alfiler la atraviesa y es derrota”). La naturaleza nos canta también desde esa infancia, donde habitan las leyendas populares mágicas (”El niño no quiere dormir la siesta y se escapa al río, pese al Pombero, al dueño del sol”), con la naturalidad que llega de su Corrientes natal. Además, el anhelo de unión con esa fuerza “terrestre” lo marca:”Hubiera sido un milagro/permanecer/ por siempre en el verde”.

 

El final es una liberación que se manifiesta en forma poética, ya que se desata el fluir del torrente léxico, el ser que se abre en “el hombre triste” y también en la visión de sí desde los otros, en lo que quedará luego de la desaparición física: “Si preguntan por mí”.

 

La muerte es vista desde dos puntos de vista, el natural y cíclico, integrado a la naturaleza, y el que es producto de la violencia (“Nosotros asustados, escondidos y dóciles,/sabemos/que alguien hoy se despide, será encontrado.”)En el primer caso advertimos la serenidad de la unión con el cosmos, mientras que en el segundo se nos presenta el desgarramiento, la inequidad, la represión (“Los caídos nos gritan desde el fondo/donde padecen frío,/abandono, sed,/ausencia de Dios”).

 

Gustavo, al hacer un balance de este planeta , no olvida la magia, en el erotismo unido a lo sexual (“Yo amo a un hombre pez”) y el tono amatorio que se refleja en la voz de la naturaleza (“todos hacemos el amor/cabalgando bosques”) y en la rebeldía desde lo filosófico (“mordí todas las manzanas del paraíso/y hasta me burlé de la serpiente”) que se une a la pura pasión (“Piedad dirás después del beso/de la mordedura atroz/la fatiga”; “Nos amábamos sobre las uvas caídas”)

 

Por último, esta rayuela a la que se hace alusión, como ya mencioné, consta de  estructuras que reflexionan, y a veces toman un sesgo de haiku (:“La cigarra canta (…)La felicidad/ depende de un instante”; “Fui barco/y olvidé al mar”;”Un caracol sin casa/grita en la calle,/se muere en la calle/ se muere”.;”Hay un animal caído/sobre tu sombra triste”; “A esa flor/le prometieron un jardín”), y nos van guiando a través de iluminaciones (“La poesía es una celda de luz/que nos mutila”) llevándonos a esta gran declaración de principios: “Después de todo me desnudo/y salto el muro”.

 

Por eso, saltemos nosotros también el muro, y como en el caso de la Rayuela de Cortázar, hagamos nuestro este libro, transformándolo con nuestra lectura en un símbolo que nos represente también, para ahondar en lo “terrestre”, desde las diversas casas y saltemos hasta llegar al “Cielo” donde cada uno sabrá cuál es su más profundo anhelo, en lo personal y en lo que concierne a todos. Pues, como dice Gustavo, hay muchas cosas obvias que ignoramos: “Aire y mar /Ambos no saben /que comparten el cielo”.

 

 

 

                                                                                  Irene Marks

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25 octubre 2012 4 25 /10 /octubre /2012 15:44

 

 

 

 

 

Susana Cattaneo comienza este libro hablando de un exilio, y lo hace desde un paisaje interno y externo, que nos introduce en su mundo, un mundo donde aun “el ave-sol”, como ella lo llama,  sufre la herida  “en la mirada”.Ese” baño de lluvia y barro” que empaña el esplendor solar es el dolor, ya que en  este libro hay, ya  no un corte abrupto, como en el anterior Bufanda de Pájaros, producto de una gran pérdida, sino una evolución de esa pérdida: un cambio cualitativo en la forma de percibir el mundo, ese mundo que para muchos se convierte en “una cascada de frío”.

Dante en El Infierno, Segundo Círculo,Canto v, hace decir a Francesca:” No hay mayor dolor, /que, en la miseria recordar/el feliz tiempo...”. Susana retoma esta temática al decir: “estas agujas cruzan números de tiempo para exiliarme de la esperanza”:“Es mi exilio de ti, de un abrazo que nunca”, “Es el lugar de los solos, los que parten hacia túneles mojados de tristeza”.

  La vida, el ser,  quedan duramente divididos entre el tiempo solar anterior y el tiempo gris del presente, ese eterno lunes, o esos sábados donde la soledad se hace aún más notoria.(“sábado el lugar de los solos”) , esa realidad que produce escisión , despersonalización del ser, división entre tiempo solar y gris .Contrastan la “lluvia celeste” y  el “tiempo muerto”, donde repica la idea de movimiento de  “la lluvia celeste sobre lo quieto, los ojos muertos”. Esto acentúa aún más el contraste del presente opaco  con lo perdido, que se expresa  “como piel de ángeles nuevos”. El ser ha quedado en el sol, con su magia y fuerza vital. Este es el momento donde el dolor lleva al extrañamiento  y  el yo lírico se refiere a sí mismo  como “Extranjera de mí” “Exiliada de los ojos de Dios”.Sin embargo, cuando se aleja el sol radiante, la voz poética expresa con ternura al ave-sol embarrado y lluvioso, con cariño por su falta de esplendor

En la segunda parte, llamada El Desamor, el amor está personificado y su partida se debe a que “No ha de venir, soy el pasado”. Esta idea del amor es también la de los trovadores, que advertían la gloria del amor romántico como fuente de gozo y también de sufrimiento. El desamor y sus víctimas abren el camino de otro sol, no tan espléndido, pero de intenso compromiso con el otro, más abarcador.

  De lo anterior resulta una cosmovisión en la cual la sociedad con la que se asocia el yo lírico y con la que siente hermanado es la de los exiliados, los que también han perdido el sol, los marginales que deambulan por una zona donde no hay regreso posible. Con intensa comprensión llega el mensaje de los que llevan la voz más auténtica, porque nada tienen que perder. También recibimos la percepción del frío, de la falta de interés de la sociedad: como consecuencia de”el desamor” , que se nos revela en la tercera parte llamada Imágenes:”Sus uñas tienen toda  la suciedad de la injusticia”; “El colchón desvencijado al costado de un pino”.Pero  la injusticia también tiene otro costado,  el patetismo tierno del abandono, expresado en voz de otra dimensión, la luz de un corazón lírico: “la primavera había adornado su pelo con golondrinas rosadas y azahares rubios.”; “una botella de cervezas con burbujas de sueños”; aquí se habla de la esperanza del que no quiere o no puede transar, o no le es permitido hacerlo por nacer en la miseria.

En cuanto a la cuarta parte, titulada justamente Esa nostalgia de mí,  sólo cabe decir que se la puede inscribir entre las grandes expresiones poéticas del  amor, el gran amor, el que nos remite al hechizo de la vida. Quiero ante todo, hablar de las imágenes en este libro, imágenes cuyo gran logro consiste en que perdemos la noción de que son imágenes, ya que  las palabras forman una unidad que nos conduce:”esas palabras con brillos de jilguero”. Ese hilo lírico nos lleva  en la búsqueda del amor, los contrastes, lo onírico (“Un día fue a visitar el lugar donde dormían los crepúsculos”) y  lo mágico, que nos transporta con su hechizo al mundo de la infancia perpetua, la magia de la poesía: “Por el camino de piedras van duendes con cestos de uvas”.

Esa voz que canta al amor, el amor pasado que duele al recordarse, se expresa en el lenguaje del imposible, en el “agua incendiada donde levanta su vivienda el último asombro olvidado”, esa paradoja - oxímoron que se resuelve en el lenguaje poético, en la tradición de los grandes poetas como Quevedo, que habla del” polvo enamorado”, o como Safo, que aquí se refleja en esa “Nota de miel”,  que nos endulza luego de esa “daga urgente de quejidos”,  salida de las nieblas de Macbeth,.El contraste  se da entre el “fuego abrasador”, la “nota de miel” y  “los cardos creciendo en la memoria”.

No olvidemos tampoco el hechizo de la palabra que nos trae el “tenebroso encantamiento en los ojos de los dragones”.La intensidad del amor será su fuerza y su debilidad, tal como lo expresara Macedonio Fernández: “Amor   se   fue; mientras  duró/ de todo hizo placer./Cuando se fue/Nada dejó que no doliera.”

    Y  el  final nos trae a la memoria las palabras de Lord Tennyson Es mejor haber amado y perdido el amor que nunca haber amado”. Y esto se aplica no sólo a los humanos, sino a la última parte llamada el Amor, representada por una foto, una instantánea, un momento feliz que se refleja en la tapa de este libro. Esa es la vida, la comunión con la mirada de un perro que se clava en nosotros con dulzura .Los animales, los árboles heridos(“la savia cae como el llanto de un cisne”), toman su lugar verdadero en el cosmos, se los sitúa dentro de los que tienen los mismos derechos, y además se los siente, se los presenta con imágenes que nos remiten a la fuerza de ser, a la lágrima, la lluvia, el rocío, el líquido bálsamo que pasa por sobre la herida de quien dice “todo de mí tiene rotos los huesos” La suave curación es también líquida: “En el lugar de la lágrima, una gota de lluvia fresca” , y como luz espiritual cubre “ese espanto de noches desangeladas”, después de la partida de Fresia, que como su nombre lo indica, trae la fragancia de los jardines, el descubrimiento  del espíritu del ser en  esa espera de la Quinta Estación. Esa Quinta Estación con la esperanza de la reunión con Fresia, en una dimensión donde el sol no se extingue.  El sol que también existe en esta dimensión y que ella ve surgir en Trini, “blanca como la luz del paraíso”, con su “feliz despertar al asombro”.

 

La energía unitiva del amor universal y auténtico es el motor de este libro, que disfruté muchísimo.

 

                                                                       Irene Marks                                                                     

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18 septiembre 2012 2 18 /09 /septiembre /2012 10:02

 

 

 

 charliereunion.JPG

 

                                              ( Fotografìa de tapa: Beatriz Diment)

       

                                   ¡Qué reunión!

 

En esta reunión de ausentes, quienes nos ausentamos somos nosotros, partiendo

de la propuesta del autor, que nos introduce en otra realidad a través de un viaje

iniciático. Es ésta una travesía donde queda todo en suspenso y se produce un

cambio en la percepción de lo cotidiano, una entrada en lo hiperbólico,

tragicómico e irónico.

 

La sociedad cobra por ratos el aspecto amenazador de una organización kafkiana

contra la que se estrellan las frágiles ilusiones del Vigésimo Primero (“él pensaba

que esta vez lo aceptarían”), cuyos esfuerzos sobrehumanos acaban

despersonalizándolo. No debemos olvidar la crueldad de los hermanos Caramelo,

y su exigencia de que el actor deje de ser, con el fin de “encarnar” en

el personaje.

 

La caricaturización de la realidad se manifiesta en la paranoia generalizada y las

instrucciones apocalípticas del detective, generando un alarmismo en cadena. Lo

estructurado, lo material, se cuelan también en todos los rincones de la vida, en

ese “suma y resta”, como si las reglas de la sociedad llegaran hasta el alma y la

mataran, convirtiéndola en un debe y un haber, simple anotación de detalles

prácticos.

 

La malicia extrema del Dr. Asiso, o el protagonista de Aislamiento, que evita las

emociones por no poder controlarlas, o el miedo “que  estimula la existencia”

de Josecito, el temeroso se unen a las fobias de Sinforoso, a quien “no le gusta

que lo rocen otros cuerpos”, o a las razones disparatadas de Costumbres seniles,

que cobran de pronto su propia lógica tozuda.

 

Así, lo estructurado, que se opone aparentemente al delirio, termina por fundirse

a éste con locura sinfónica, pese a los esfuerzos denodados del “pequeño”, tan

“hacendoso”, pero que sin embargo considera “chistoso” burlarse de la muerte.

 

Sólo nos queda decir, con María de las Nieves: “¡Espeluznante, gordo,

espeluznante!”, mientras atravesamos, con estas alocadas microficciones,

la galería incesante de personajes humanos, excesivamente humanos.

 

                                                                                                                      

                                                                            Irene Marks

 

 

 

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19 agosto 2012 7 19 /08 /agosto /2012 13:55

 

 

 

tapamapamundi.JPG

Ediciones Proa Amerian, Buenos Aires, 2012

 

   OBRA – EMBLEMA DE UN PUEBLO, 

LA VOZ DEL MAPPA MUNDI

En esta Mappa Mundi el poeta nos habla desde un lenguaje originalísimo, profundamente humano, que como forma de expresión de lo social, lo político, lo histórico y lo local en todos sus matices esencialmente argentinos, recrea en el lector distintos sucesos e hitos de un siglo doloroso, con sus compositores de canciones, sus tangos, sus referencias futbolísticas y pugilísticas, sin olvidar las voces de los mártires, los que fueron artífices del cambio social y por ello dieron sus vidas. En ese siglo XX discepoliano, el autor, testigo vivencial y profundamente conocedor de lo popular, nos habla de los “niños vencidos” “de cara al suelo”, a la vez que su voz denuncia el ataque a la inocencia  y nos traslada de lo universal a lo local, sin caer en el intimismo, llevando el “pinta tu aldea y pintarás el mundo” de Tolstoi a su grado sumo. Se marca el contraste con referencias a la banca financiera internacional, señalado por términos en inglés, que se oponen a palabras de canciones referidas a momentos durísimos como la guerra de Malvinas, “el monstruo es grande y pisa fuerte”, que sabemos se refiere a la composición de León Gieco popularizada por Mercedes Sosa.

También ese “che, Accavallo, vení”, “un gancho –che Horacio- a la malaria” junto con el drama de “la pálidas vecinas” que protagonizan “la telenovela del país”. No olvidemos la ironía que campea también en ese “Siempre hubo pobres”. Tampoco lo espiritual  le es ajeno, el sentir el dolor del otro como propio, el amor al “barrio”,  como también  lo expresó el poeta Carlos Giovanola, que al igual que Sebastián provenía de la zona sur de Buenos Aires.

Un uso de la lengua que penetra en la problemática de la crisis actual, en la deshumanización creciente, nos lleva al profundo sentido de la comunicación, al disparador de noticias y por otro lado su muy terrible consecuencia, desde el dolor universal al alma de un pueblo, captada desde donde debe verse, desde lo popular, como bien lo supo Roberto Arlt.

Una voz indispensable, un camino que también recorrieron Nicanor Parra, Roberto Santoro y Simón Kargieman, y que el autor transita en su personalísima expresión, sumándole su largo compromiso con la realidad desde el periodismo.

Cuando la voz es meta y llegada, cuando estamos en esa voz, cuando lo que se  dice es “emblemático” de un pueblo, como afirmó el querido Ernesto Goldar, al referirse a la obra de Sebastián Jorgi, estamos ante una obra que nos compromete directamente desde el corazón.   

                                                            Irene Marks

 

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13 agosto 2012 1 13 /08 /agosto /2012 00:03

 

 

 

 

 

 

tapa-letra-marginal.JPG

 

 Editorial Dunken, Buenos Aires, 2011 

 

 

 

 

Comentario a Letra Marginal de Leonardo Gastón Herrmann

 

Una particularidad distingue y hace especial  a esta novela: el ensamble de dos géneros,

el  poético y el narrativo, que se lleva a cabo con  fluidez y sin grandilocuencia. Por un lado,

observamos en lo narrativo el acierto en la pintura cotidiana de un ambiente marginal

desde adentro (hecho nada fácil y que revela vivencias intransferibles, lo que se dice

“mucha calle” y sensibilidad por parte del autor); por otro lado, se advierte la absoluta

poesía que irrumpe en ciertos momentos en la expresión, sintetizando una situación,

(El viento atraviesa las vértebras de las fotos que se desangran) o adelantando en un

epígrafe,(Tengo estas manos mías, tan gastadas que lloran letras) con un sentimiento

fortísimo, lo que va a suceder.

 

Los capítulos mayores, que son 14, se subdividen respectivamente en 2, 3 o 4 partes, que

sirven para dar intensos pantallazos de la acción. La novela, contada en 3ª persona, está

focalizada internamente en el personaje de Roberto, que bien puede ser cualquier

empleado despedido de ENTEL en la época de las privatizaciones menemistas.

 

Recuerdo que el autor se refirió a su obra como “prosa poética”. Me permito disentir: la

considero una novela claramente estructurada, que mantiene el interés del lector, con

algunos pasajes de gran poesía. Los personajes están muy bien delineados a través de

sus acciones, su habla de distintos acentos regionales argentinos, sus preferencias

musicales y finalmente, y lo más importante, su solidaridad o su falta de lealtad. Y he aquí

el quid de la cuestión: el tratamiento de lo humano, la fuerza de la dignidad entre los que,

 teniendo tan poco, saben compartir y preocuparse por el otro, sin entrar en el clientelismo,

que -como bien lo señalan no sólo el personaje principal sino también su heroico amigo

Simón-  vienen de la mano de la traición (ya que por ese lado intentan infiltrarse en el

asentamiento los comisarios, los obispos, los intendentes  para cortar el vínculo natural

entre los desposeídos y dividirlos.)

 

Finalmente, no puedo resistirme a citar  dos pasajes que denotan solidaridad, que es en

esencia el gran tema de esta novela. El primer pasaje evidentemente narrativo:  Ante

cualquier amenaza de represión, la señal debía ser palmas para convocar a los vecinos

en cada cuadra. y el segundo pasaje que muestra el tesoro que yace en el corazón:

desde acá abajo /también se ve el sol.”

 

Irene Marks

 

 
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13 marzo 2011 7 13 /03 /marzo /2011 20:44

Gotangel-mami-copia-1.jpg



 

 


  

                 Gotángel,  Los Robinsones, 1a. ed.- Buenos Aires: El Alba Editores 2010

                                  Diseño de tapa: Efraín Guerra

 

 

 

  

Gotángel: arrabal que nunca muere

 

En esta novela la leyenda, la historia, el sentimiento y el espíritu del barrio de Barracas convergen en un argumento que recorre épocas, marca la desaparición geográfica de lugares emblemáticos y homenajea al nombrarlas a pizzerías, cervecerías y también a personajes de época (escritores, cantantes de tango). Traza, asimismo, un cuadro de época, marcando con precisión las emociones que se trenzan en el alma popular, la bohemia de los años sesenta, el machismo imperante en la sociedad y la existencia de seres que permanecen al margen de lo establecido y que, por su mismo desapego, vagabundeo o desventura pasan a constituir el alma del barrio. También están presentes la nobleza de los habitantes, su solidaridad para con el indefenso, el saber que no faltará una porción de pizza para la renguita aunque no pueda pagarla.

 

Es éste un libro donde la intensísima ternura nos convoca a sentir, a experimentar las sensaciones expresadas por los personajes: la fragilidad de Carlota, la inteligencia de Nelly, la veta aventurera del Almirante, las canalladas del Tente, los prejuicios de doña Asunta y el poeta Marco, garabateador de tangos. Este último personaje constituye el otro yo del autor, ese autor que interviene en varios pasajes para hacer comentarios que demuestran cuán empapado está de la realidad de Barracas y hasta qué punto está inmerso en ese sentir. A la vez también experimentamos el conflicto del desarraigo, tan afincado en muchos argentinos que deben abandonar su tierra, por boca de Remigio.

 

La ternura nos envuelve en un misticismo legendario, como el que une la imagen de Santa Felicitas con la renguita, o la imagen del “fantasmito” que, y no podía ser de otra manera, no es otro que el fantasma de Eduardo Arolas, que sobrevuela las calles tocando el acordeón, y que otorga a quien lo ve la identificación con el barrio de Barracas. O tal vez pueda interpretarse al revés, quien lo ve es sólo aquel o aquella que se ha identificado con el barrio. Como Carlota, cuyo destino desventurado ella relaciona inconscientemente con el de Felicitas, la que murió por amor, y que pasa a ser, junto con la renguita, la figura emblemática del barrio para muchos.

 

En cuanto al narrador, éste varía, a veces es un narrador focalizado en el interior de un personaje, como en el caso de Carlota, la carta de Nelly, o Remigio, y otras veces, hay una entrada del propio autor, y una confesión que guardaremos en suspenso y que conocemos al final del libro Ese autor que dirá:

”No te imaginás como el cantor inclinó la cabeza, alzó la viola y luego de mecerla para que del hueco saliese ese sonido-halo, quedó Barracas toda impregnada y digo impregnada porque Barracas es femenina como vos, Carlo, como Nelly, porque Barracas es mina es madre porque:

Barracas, vos guardás en tus esquinas

aquel viejo Buenos Aires

un tango y una ilusión “

 

El tiempo de la emoción, un misticismo entroncado con las leyendas del lugar, un comienzo y un final cíclicos y la esperanza que permanece a pesar de todas las hondas desgracias que aquejan a los personajes, junto con los hechos típicos protagonizados por guapos, hinchas de fútbol, cantantes, escritores y  vendedores del mercado, todos estos sucesos nos van horadando el alma hasta que quedamos cautivados porque el escritor nos ha sabido transmitir esa honda nostalgia que él mismo experimenta. Doy fe de que los personajes son reales, por ejemplo, el profesor de Latín Mascialino, que fue muy conocido en la época y después también para todos los estudiantes de Letras.

 

Sólo queda decir entonces que el viaje propuesto a través de Gotángel es para quien sepa poner el corazón.

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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 12:12

   

bufanda de pájaros pic

 

  

 

Las tormentas interiores del dolor y la pérdida, el llamado de la muerte, se subvierten en esta “bufanda de pájaros”, donde manda la poesía y nos envuelve con su canto, que va desde los tonos más oscuros a una fuerte iluminación.

Asistimos, asimismo, a la apertura de diferentes dimensiones que remiten al sentimiento amoroso, que se agiganta, y al hacerlo cambia de formas el universo. Hasta los límites más terrenales dejan de tener sentido, ya que hay un despojamiento inducido por la pérdida (“en esta noche tan sola, tan libre de gravedad”) y un perderse en la oscuridad,  mimetizarse con lo que se nombra (“En esta noche tan sola, la sola te recuerda”).

Mas no todo es carencia, también  se nos entrega un poema del color de la luz, donde la magia es transformación, donde mediante el uso de la palabra, el yo lírico nos convence de que el mundo se reduce a ese sobredimensionado “vaso de leche” expresado con texturas de gran plasticidad (“una espesura de cielos blancos”) y sinestesia (“un lago de pureza inefable, circular con su centro de tierra primigenia”). Entramos de la mano de esta poesía “en un límpido sueño” y allí la voz de Eros logra resonar (“Alguien desde un nombre me llama”).Este poema, de infinita luz y calidez, se corresponde con el último poema al que se hará referencia más tarde. Lo digo ahora porque es importante señalar cómo se construyó este libro, cómo se modifica luego el macrocosmos reflejado en el vaso de leche, tan sutilmente., para pasar a ser un microcosmos. Sin embargo, el cambio será cualitativo.

Se produce a continuación la entrada de la que “vino con una venda cruzando su boca”, imagen terrorífica, que parecería atenuarse en los siguientes versos (“Traía valijas de viento y una promesa de infinitud”), sólo para cobrar fuerza abismal y aún más terrible: “Cubrió mis ojos con sangre negra”. Es esta fuerza la que arrastra hacia lo abismal al yo lírico, el terror que se desata  (“Ella traía la muerte en su boca”) ante el secreto develado.

Asistimos más tarde a la navegación dentro del abismo, donde “El vino barato cruza el amanecer del primer instante en que te vi.”.Las imágenes se suceden en este viaje despiadado (“Todos los barcos agónicos que cruzan Finisterre llevan una carga de tristezas”) donde la pérdida se ahonda, y el tiempo se convierte en enemigo, que nos va llevando en la caravana de muertes internas (“cada día es una fruta que marca un calendario de huesos”).

Llegamos entonces al hondo lirismo donde se define al miedo (“un navío con marineros de arcilla”) asociado a “la intemperie”, donde aún el brillo del presente se ve amenazado por la visión funesta que el temor proclama:”sentía el peligro del amor mientras amaba”.

En esta zona de temor, el dolor es una causa común (“creo que está lastimada de inviernos como yo”), “música negra para el futuro” que se contrapone a una zona de sueños (“debajo de mi almohada, una nube azul”) Y en el interior del abismo se arriba al punto más doloroso (“mi vida tiene el color de las cosas muertas”), la ruta sombría, la soledad total, el hielo que corta el camino (“un ojo sin vestidura late en el centro del abismo como un corazón negro”). Es éste el clima sin alivio del poeta maldito que hurga en su dolor (“me lleva al lugar de la clausura”) y al hacerlo penetra en la sombra del mundo. Por eso las huellas de la felicidad sólo transmiten “la noche que se enterró en mí”, donde el suplicio es recordar (“Las madrugadas llevaban el nombre de la música”).Luego este dolor se trasladará a todo el cosmos (“los perros proferían aullidos que goteaban sangre”) y se siente con lucidez mágica el pasaje del tiempo representado por “El caminante de mañanas con sombrero”(Su dinamismo luego se convertirá en una gran carga inmóvil:“Hoy me pesa la eternidad”),  advirtiéndose el contraste del infierno interior con la “bufanda de pájaros”, que juega en la ternura de los perros.

Hay una búsqueda del amor como justificación vital, desde el infinito anhelo, (“Ojos azules como la vida sostienen mi fe en la ternura”)  y se  marca el vaivén de estar fuera de lo que sucede: “Observo desde un lugar vacío la vida que moja la mirada”.

En la travesía entre el sueño y el abandono surge la absoluta posesión por la palabra (“¿Le has puesto nombre a quien respira en tu mano mientras escribes?”)  y se asume la búsqueda de esa palabra amada: “Hechicera en los bosques de la magia”.

El lirismo entra en el abandono y se lamenta en invocaciones  encantadas (”Con sus ojos de agua y bosques”; “Hierbas amargas crecen sobre sus labios fríos”; “Me asesinó el porvenir”). El cielo del dolor abre su lado oscuro y desemboca nuevamente en poesía maldita, en la  magnífica exaltación de “la bruja”, una de las manifestaciones del yo lírico, cuya ardiente oscuridad le permite sobrevivir: ”La vida es una lujuria perpetua entre sus brazos de fuego”.

Las voces múltiples del  tiempo (“Aquel tiempo se quebró en el almanaque”) son un reconocimiento del desamor hermanado con la locura y la muerte: “Un amor sin amor que fue todo en su vida”. Por eso la voz alza su vuelo imposible: “prefiero los pájaros con sus ojos de infinito”: La búsqueda del amor es un viaje donde se sueltan todas las amarras y que el yo lírico realiza conducido por la palabra, un hilo conector que exige seguimiento: “Cantos rituales navegan por las orillas de Dios y desde las grutas se oye el ulular infinito de los barcos…”.Como lo hace Poe, la voz nos hace penetrar en un paisaje de brillo negro, de terror extrañamente bello: “La noche se cubre de hojas antiguas”.

Y he aquí que nuevamente llegamos al microcosmos de la casa que se torna universo-abrigo, adentro de la mano que alberga a ese universo (“La casa en mi mano tiene el tamaño del océano”). La fragilidad del refugio se pone de manifiesto sin embargo, cuando “El cazador la descubre” y cae “Certera la bala en el centro del vivir”. Así se describe la temporalidad y la fugacidad del momento y del ser-en-el-mundo, la expresión de lo inexpresable con fervor lírico surgido de las profundidades del sufrimiento, lo que deviene en comprensión.       

Unas palabras añadiré para el tríptico final, en el que los cuadros de Remedios Varo, Picasso y Salvador Dalí son plasmados con la particular expresividad del yo lírico  en diferentes aspectos. En el cuadro PHENOMENON de Remedios Varo reflejan la desolación de “los calvarios de piedra” donde el bastón del hombre “lacera los secretos”. La realidad mágica (“su sombra se ríe de su cuerpo hirsuto) vuela en imágenes que suavizan el dolor (“Una dulce agonía tiñe de colores la soledad”).Sin embargo, es en el poema dedicado al cuadro BEBEDORA DE AJENJO de Picasso donde se encarna la honda expresión del yo lírico (”Ella atraviesa una antigua tempestad, una arcaica desolación”), cuando los detalles cotidianos prestan morosa verosimilitud a los actos de quien tiene “Sal en sus ojos de bestia atrapada”, la que “Entra al naufragio a sabiendas, irremediablemente”. En el cuadro CRANEO ATMOSFÉRICO SODOMIZANDO A UN PIANO DE COLA, de Dalí, somos testigos de la lucha con la bestia cuando “peces rojos brotan del fondo de todos los abismos”. La lucha cotidiana es “ese agujero pertinaz sobre la vida”, la existencia que esta poeta asume en todos sus riesgos desde el centro del sentir poético.     

En suma, un libro donde el yo lírico se ha comprometido profundamente con la palabra desde una postura muy auténtica y honda, con una gran entrega que abarca todo su ser, con la fuerza de los vientos surrealistas y la apertura de la búsqueda en los mundos inasibles donde de nada sirve la razón. Lo he disfrutado enormemente.         

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31 diciembre 2010 5 31 /12 /diciembre /2010 21:57

Mandragora 

 

 

 

 

 

  

LA FLOR CLANDESTINA

 

            Bucea, bucea el poeta en los túneles de sí, en el fuego y las cenizas del Universo, para arrancar una flor clandestina, esa  flor que trae aparejada una mitad de luz, una mitad de sombra: la maldita bendición de sentir, de destapar las ollas de la infancia, de llegar a la zona donde se produce la conexión, donde un hombre es el otro. Y la unión se realiza en el dolor, en el desamparo de los hoteles donde acecha la Srta. Demacrada, en la imposibilidad de comunicación del viejo navegante, porque siente que lo único que justifica el viaje es “el viento en las orejas”, o en la desconfianza del señor observador, que teme tanto a sus semejantes que los vigila con antenas.

 

            Este Universo duele, porque sonríe en su tristeza, como la espera de los vecinos, como el grito de la mandrágora – mitad hombre, mitad mujer – que es el quejido de la Humanidad, con su miedo constante a las transformaciones, pero con la posibilidad de florecer. Por eso la mirada del poeta es peligrosa, ya que no puede dejar de ir detrás de la “luz que lo enceguezca”, la luz que está en él mismo y en todos los hombres, detrás de cada máscara cuidadosamente dibujada. Y como las pieles de la cebolla, las máscaras caerán para mostrar la herida común.

 

            Estos poemas recorren los laberintos sucesivos del infierno en busca de la inocencia, para rescatar una flor prohibida por su descarada blancura. Y este túnel irónico y a veces descarnado que llama sin piedad en cada corazón para hacerlo sentir, esta ternura secreta, este río que se interna en “el hueco en la palabra”, sin detenerse ante “el diente incrustado en los renglones”, esto, repito, es la poesía, que habla cuando todos callan, porque a nada se aferra, dejando atrás al “hombre de antifaz que se lleva las monedas” porque nació libre y mutable como “la forma estridente de la luna corando a contraluz su propio cuerpo”.

 

            Que el dolor de las raíces arrancadas y estas flores mágicas, hijas del sufrimiento y el placer, se hagan carne en los ojos en esta travesía, donde grita la mandrágora para resquebrajar los rostros uniformes de la indiferencia.

  

 

 

 

 

 

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16 septiembre 2010 4 16 /09 /septiembre /2010 14:09

HOY, 16 DE SEPTIEMBRE, ANIVERSARIO DE LA NOCHE DE LOS LÁPICES, ESTE BLOG SE SOLIDARIZA CON LA LUCHA DE LOS ESTUDIANTES POR LA EDUCACIÓN PÚBLICA.

POR UN AUMENTO DEL PRESUPUESTO EDUCATIVO PARA MEJORAS EDILICIAS, MEJORES VIANDAS ESCOLARES Y AUMENTOS A LOS DOCENTES.

QUE LA HISTORIA SIRVA PARA NO REPETIR LOS ERRORES Y SE RESPETE EL DERECHO A ESTUDIAR EN CONDICIONES DIGNAS DE LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA PÚBLICA.

 LOS SUBSIDIOS , OBVIAMENTE, NO DEBEN IR A LAS ESCUELAS PRIVADAS, DONDE LOS ALUMNOS YA CUENTAN CON MAYOR NIVEL ADQUISITIVO.

                                                    IRENE MARKS

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12 agosto 2010 4 12 /08 /agosto /2010 14:26

humores Familiares 

                                       (Dibujo de tapa por Horacio Laitano)

  Estos Humores no son tan Familiares. El poeta desestructura los límites, no los combate sino que los pasa por alto completamente, hasta borrarlos. Luego de cada trasgresión, apela a una frase hecha, a una estructura consuetudinaria, lo que parece minimizar lo anterior, incorporándolo a la vida corriente como si fuera parte de la realidad.

 En la Primera Parte, esto es evidente en el poema Humores Familiares, ya que iguala el hecho de matar a un animal con la guerra, lo convierte en natural y crea un ritmo que va in crescendo, y nos encontramos con lo terrible, que se vuelve familiar por partida doble, por cotidiano y por pertenecer a la familia: “madre, padre, hijos”. El ritmo se vuelve alegre, dinámico, en contraste con lo que se dice: ternero, agujero, guerra, matanza, venganza. Luego, en el segundo poema, se comienza con un hecho de violencia, pero se lo minimiza con frases cautas. Se lo vuelve civilizado y esto lo convierte en más terrible al volverlo callado y respetuoso. Es como las costumbres que se asimilan y aceptan pese a su crueldad porque pasan a formar parte de lo usual de una época, se instalan en el inconsciente. En “Humores Familiares” también hay una referencia a los líquidos segregados por el organismo, que antiguamente la medicina clasificaba en humores, cuyo color variaba según la enfermedad del paciente. Aquí también hay una referencia a los líquidos letales que un señor envasa. Además, se hace mención en Servicio Municipal a lo oculto del poder, cuando se convierte a una persona en instrumento de algo que no conoce, ni quiere conocer, (se podría comparar con la escena de la película Brasil, cuando la dactilógrafa, a través de unos auriculares escucha y registra lo que está sucediendo en la habitación contigua donde están torturando, mientras ella le sonríe a un niño). Del mismo modo, hay señores que envasan “los líquidos letales”. Por otro lado, hay distintas realidades o dimensiones, como Albacoa, Albacoa, donde una realidad se impone a la otra, es decir el grito de la criada, su estridencia, cobra fuerza, aunque sea absurda, porque “su recurso” es “la voz estremecida” que se impone sobre la débil realidad de “las pálidas vecinas”. En otros casos, las realidades no se unen, se contraponen con imágenes de dolor que contrastan con lo común de las estructuras. En el ambiente pueblerino de “bostezos”, “las vecinas movían sus caderas”. Este contraste -“las mujeres gemían de tristeza” y “matrimonios aburridos murmuraban” mientras “un oscuro bandoneón las agitaba”-, muestra la intensidad del sentimiento con más fuerza; hay dos realidades que se tocan y ninguna se impone a la otra. Hay incomprensión, como sucede también en Los vecinos: “sus silencios y oquedades”, su desesperación callada que no expresan, que ocultan “en sonrisas que se endurecen”. Y el dolor, de Hospital de día, donde la realidad se  vuelve terrible, ya  no desde la ironía, sino desde una mirada honda y metafísica, que sin embargo intenta parecer burlona y liviana: “el paciente se ríe de la vida”(no de la muerte) en un dolor más allá de los límites, “su risa escalofriante” es más terrible porque ha perdido todo vínculo con la realidad. En cuanto a los humores, también vuelven a predominar estos, como si todo se desintegrara líquidamente: “el húmedo paciente se escurre”. Lo mismo sucede en Orden Marcial, donde la muerte ronda a los soldados, “diezmados por la risa”, “apagados por el llanto”, el prisionero “recuerda las torturas de la infancia”, y en todo este concierto de la muerte  un “pequeño general” dirige la batalla. “Pequeño” es irónico, como connotación moral. Lo maravilloso irrumpe en La Señora de la Esquina, que prefiere huir hacia lo desconocido que  le anuncia el “comodín de la baraja” que seguir en la rutina. Esta faceta es una de las que más se reforzará en la segunda parte. Donde Don Roque aparece en forma maravillosa con sus patines, alzándose por el aire, y sin embargo propugnando la modestia y saludando a los vecinos, para cambiar ese orden antiguo que no lo entretiene. También se entra en lo más absurdo, el buscar reglas y estructuras en lo disparatado, como cuando el Sr. Peret le reprocha a su mosca “no volar como las otras”, no adecuarse a lo que la realidad espera, cuando en realidad ya se está totalmente fuera de esa realidad... Y además ese pequeño elemento disonante, el de la mosca, es un anticipo de las alarmas, lo mismo que la entrada aparentemente innocua de la referencia del diccionario preanuncia el Alerta apocalíptico del final.

 En realidad, en la Segunda Parte la otra dimensión cobra más fuerza y por lo tanto, se entra en un Universo mágico de símbolos que cada vez desestructuran y dan por sentada otra realidad. Se comienza con lo maravilloso, el anuncio del pastor, donde ya no pueden diferenciarse los planos y se mezclan, como un cuadro de Dalí donde las figuras se adelgazan, pierden rigidez, la materia se transforma, la expectativa modifica las formas. También hay otro tipo de cambio de la realidad, el humor más doloroso. En Un Suceso Imprevisto, se hace evidente el desamparo más absoluto, en el que sólo el “alma oportuna” del “voluntario” salvará al otro del “fracaso”: el Doctor Finisterre cae en la postración que, para colmo de males, causa risa (“aletea como un pato”). Otro humor muy doloroso es el que destaca la sensibilidad exagerada hasta lo insoportable. Un hombre sensible. Un dolor agudo sobre el que se bromea pero no tanto. La magia transmutadora de los afectos que nos marca, nos hace dependientes y nos destruye al ser los afectos mutables y súbitos, el todo que nos convierte en materia maleable.. Esa dulzura y fragilidad que se anticipaba ya en forma conmovedora cuando “Adelfa se acicalaba en la mañana, pensando que tal vez era su día”. No hay que olvidar la transformación total de una fiesta en Los Invitados, donde hay un ritmo maravillosamente orquestado en el que lo cómico se expande en un universo de disparates. La ruta del dolor también se manifiesta en El Tercer Ojo, donde se llega al absurdo de elegir entre varios viajes totalmente fracasados, presentando la elección como si fuera un folleto publicitario o una encuesta. El dolor de Hospital de Día sigue su hilo conductor hacia una transformación total en una extraña ruta en la que la enfermera salva y mata a la vez, y sin embargo, nadie logra entenderla ya, que  hay una unión entre la muerte y la vida, una confusión intencional que se resuelve en la figura de la enfermera. Existe otra veta donde se burla de la medicina proponiendo disparates, hechos verosímiles. Teje un universo de absurdos arbitrarios para demostrar lo artificial de toda regla, y lo cruento de las intervenciones médicas.

 Por otra parte, lo estable estructurado, que arranca en la Primera parte con Bar de tarde, donde “Almibarados concurrentes se empecinan en mostrarse”... “con hijos amasados por sus manos y nietos rozagantes”, este mundo de apariencias, donde parecer es más importante que ser, desemboca luego en Introducción a las memorias del señor Bolta: “La vida era tan firme para el señor Bolta, que ninguna circunstancia parecía perturbarlo”. Sin embargo, los padres del Señor Bolta, discuten “la vida del señor Bolta o cualquiera otra actividad que juzgaran sospechosa”, como si esta firmeza fuera algo de lo que nadie puede salirse so pena de ser “sospechoso”, lo que da la idea de un código policial que obliga al señor Bolta a “apegarse a los horarios”.

 También hay otro hilo conductor, el que alerta sobre hechos apocalípticos, que se inicia en la Segunda Parte, con  Noticias y Advertencias. Utilizando hechos tan disímiles como “tocaron y se fueron”(¿el ring-raje, juego que todos los que han vivido en un pueblo conocen?) y al “hermoso animalito” que suena siniestro, junto con las noticias que acaban con una vuelta al origen muy anunciada y disparatada. “Dentro de uno o dos minutos estará la papa almidonada”. Sin embargo esto podría haberse anunciado ya en la idea del señor que envasa los líquidos letales. Esta alarma que se advierte en Noticias y Advertencias se acrecienta en La Tormenta, cuando una expectativa, “un rumor silencioso recorría el vecindario. Una especie de reptil amarillento, que entraba y salía de las casas”, se continúa en el Señor Asigona que continuamente destaca “Nada que temer por el momento. Ninguna razón para alterarse”. El clima de lo terrible por venir se acentúa en Discurso, relato y confusión, cuando la crítica es a los gobernantes, cuyo consenso sólo existe  “a la hora de marcharse”, sin importarles las terribles consecuencias para las bibliotecas, que sin embargo “la magia de la voz altisonante” intentará salvaguardar contra la “nube de polvo”.El Alerta cuando la invasión ya es “un hecho” ronda lo apocalíptico.

 Sólo irrumpirá una vez el Señor Quq, nuestro querido amigo, con sus juegos y travesuras, sus fastidiosas dudas a la hora de hacer un pedido, su desparpajo aún más notable al presentarse con una apariencia tan civilizada. La reacción ante la magia de Quq es la realidad implacable, “el dueño del bar rechaza sus pedidos”. Sin embargo, sabe que lo llamarán porque la realidad sin magia les resultará monótona.

 Y llegamos al Epílogo, donde todo este universo se define en un sólo poema, El Octavo, poema saturnino, desde su número hasta la idea del ajuste para sobrevivir, la exigencia de “parecernos al octavo”, y los sacrificios y muertes que esto provoca, el que es llevada ciegamente, el que deja su divinidad para mañana, el que sabe de las alas pero no las expresa, por no sufrir el dolor de abrirse y cerrarse continuamente. El dilema, en síntesis, de parecer o ser, de embanderarse en el cambio o taparlo dentro de uno mismo.

 

 

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